29 septiembre, 2014

¡Aquí no hay nadie!

Esta mañana escuche la siguiente expresión. “Aquí no hay nadie. La habitación está vacía”

Lo primero que se me vino a la cabeza es una reflexión sobre el uso del lenguaje. En realidad lo correcto sería decir “aquí hay nadie”, en lugar de decir que “aquí no hay nadie”, porque la palabra “nadie” ya indica que hay cero personas, por tanto decir que no hay nadie es decir que hay alguien. Pero como yo soy más tonto que todas estas reflexiones, en el momento solo me salió decir –“No está vacía… hay muebles y cacharros”-

La realidad es que hay muchas más cosas. Incluso cuando una habitación no tiene muebles, ni cuadros, ni personas dentro. A pesar de estar “vacía”, en realidad no lo está. Y la prueba es que si hablas dentro de esa habitación, te escuchas a ti mismo. Y si te escuchas a ti mismo es que no hay vacío sino que hay algo que transmite ese sonido.


Ya se trate de ruido o de sonido, estamos hablando de una vibración sonora que se transmite por un medio más o menos denso. En el caso de la habitación “vacía”, cuando hablas, tus cuerdas vocales vibran una contra la otra y alteran el aire que tienen alrededor, los gases que hay en el aire, de modo que estos se contraen y expande formando ondas más o menos ordenadas. Después es responsabilidad de tu lengua, labios y boca dar forma a esa deformación del aire para que parezca que dices algo (aunque también hay quien habla y habla y no dice nada). Si en esa habitación “vacía” no hubiese gases con los que formar ondas, esas ondas no llegarían a tu oído, no moverían el tímpano, este no movería tu líquido coclear que a su vez no activaría las células ciliadas, estas no se activarían en impulsos nerviosos que no llegarían al cerebro y se transformarían en lo que tu cerebro y el mío entiende que es un sonido.


 Por tanto, de una forma muy indirecta y gracias a miles de estructuras biológicas y un poco de física, (y luego dice mi mujer que si es que no me entero… con lo complicado que es escuchar) sabemos que si al entrar en una habitación vacía, hablamos y nos escuchamos… la habitación no está tan vacía, está llena. Pero, ¿De qué? Pues de aire.

De tanto Oxígeno, Nitrógeno y Argón se les fue la pelota a estos de mecano

El aire no es el viento (que diría mi abuelo). El aire es la mezcla de gases que constituye nuestra atmósfera. Se trata de una mezcla compleja de Nitrógeno, Oxígeno y vapor de agua en su mayoría pero que luego en función del clima y del ambiente entre otros factores (y de los compañeros de piso que uno tenga y lo limpios que sean) puede contener trazas de otras sustancias como ozono, dióxido de carbono, hidrógeno, algunos gases nobles, metano, etc, etc, etc, etc, etc (¡Lo sé, estoy poniendo muchos etc!, pero es que la lista puede llegar a ser muy larga) La concentración de estos gases también puede variar según la altura, la temperatura y donde nos encontremos.

Antiguamente en las minas que se escavaban en la tierra, los mineros tenían trabajando con ellos canarios. Vale, ya sé que un canario no pica muy bien con las alas ni carga piedras, pero tenían un trabajo muy importante. Así, si el canario empezaba a hacer tontería y se ponía un poco loco, era signo de falta de oxígeno, señal de que no se podía permanecer mucho más rato en la mina. Si el canario la palmaba… ¡Pies para que os quiero! Podía ser señal de un escape de gases como metano, azufre u otros gases tóxicos.

Por desgracia, y cada vez más, en nuestras ciudades se respira un aire que está muy lejos de estar limpio. No solo de gases se compone el aire, sino que se lo digan a los alérgicos. Polen, ácaros, partículas de polvo en suspensión y miles de sustancias contra las que nuestro cuerpo debe luchar a diario. Por suerte nuestro cuerpo tiene algunas defensas en forma de mocos y pelos en la nariz. A esto le pasa como a los pijamas de invierno o las mallas para hombres, que no es estético, pero si funcional.
En el ámbito de los laboratorios somos muy conscientes de que el aire puede estar cargado de muchas cosas indeseables. Trabajamos con cientos de sustancias tóxicas, en muchos casos volátiles, y debemos tener cuidado. Es por eso que trabajamos en campanas de extracción de gases y tenemos detectores de humos y otras sustancias químicas repartidos por los laboratorios como los detectores de co de la empresa Indsci


Las campanas de extracción de gases de un laboratorio funcionan igual que el extractor de la cocina de tu casa, pero más potentes. En la imagen se ven unas puertas de cristal por las que metemos las manos (normalmente con guantes) y desde arriba hay un extractor que succiona los gases de los productos con los que estemos trabajando y los lleva a unos filtros que deben ser cambiados cada año o dos años aproximadamente. Y de ahí, una vez filtrados, a la calle.

Campanas extractoras las hay de muchos tipos. Os pongo algunos ejemplos (Desde las que parecen secadores de peluquería para hacerse la permanente hasta otros más modernos).





Efectivamente, en la última veis una campana que a los conductores nos suena mucho. Es una campana que redirige los gases de nuestro vehículo a un detector para indicarnos si nuestro motor de combustión funciona bien y si el tubo de escape hace correctamente su función.

Como habéis podido observar (o detectar de forma indirecta con detectores de humos o tu oído) las habitaciones raramente están vacías. Estamos rodeados de aire y pura química. Pero no te preocupes, tú también eres química y tienes bastante más masa de sustancias químicas que el aire en el mismo volumen.


*Esta es una entrada patrocinada. Sin embargo todo el contenido ha sido elaborado libremente por el autor "Óscar Huertas" sin que haya sido editado ni transformado por el patrocinador. El autor de este blog se reservar el derecho de eliminar, modificar y/o transformar las entradas patrocinadas en cualquier momento si considera que los acuerdos acordados no han sido cumplidos. Disfruten de esta entrada como una mas del blog pues goza de la misma calidad (la mucho o poca) que hayamos tenido hasta ahora. 

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