11 noviembre, 2012

Drogas. Las tenemos de todas las clases oiga II


Lo que realmente nos gusta de las drogas es lo mismo que nos gusta del agua fresca, las duchas calientes, el buen jamón y unos pechos turgentes… Nos recompensa.

Los mecanismos psicológicos y de conducta ligados a la recompensa son claves para nuestra supervivencia. Desempeñan algunos de los papeles más importantes en los estímulos para la alimentación, la reproducción y al aprendizaje.

Es tan importante este mecanismo de recompensa que cuenta con un circuito propio neuronal y por cierto, uno de los más antiguos y conservados filogenéticamente.


Las drogas de abuso se caracterizan por activar este circuito de una forma brutal, induciendo el aprendizaje de conductas de consumo de drogas y reforzando los estímulos que llevan a dicho consumo.

La base física de la mayor parte de este circuito son una serie de neuronas especialmente sensibles a la dopamina (neuronas dopaminérgicas). Estas neuronas se encuentran en la parte más profunda del cerebro, en la denominada Area Tegmental Ventral o ATV, y establecen conexiones con sistemas cerebrales muy importantes para la recompensa, las emociones y el aprendizaje (Núcleo accumbens y Sistema Límbico). Es de especial interés la conexión ente el ATV y el Accumbens donde por acción de las drogas de abuso la conexión se activa hasta 10 veces más de lo que lo suele hacer con situaciones naturales de recompensa. Animales con esta zona dañada no vuelven a presentar interés por las sustancias adictivas. Además, debido a la variación genética, hay gente especialmente proclive a engancharse a las drogas y gente a la que le afecta poco… pero como casi todo, es cuestión de dosis.



Existe otra serie de receptores y proteínas muy importantes en los procesos de adicción. Aunque la dopamina es uno de los principales y más conocidos, el sistema es muchísimo mas complejo (De otro modo ya sabríamos como acabar con las adicciones). Existen otros neurotransmisores como el glutamato (uno de cuyos receptores tenemos en el logo de esta edición del Carnaval), GABA, serotonina y los sistemas opioide y cannabonioide (¡Cómo!... ¿Qué tenemos cannabinoides en el cerebro y yo sin saberlo? Vamos por partes) casi todas ellas aparentemente con un papel regulador del sistema dopaminergico.

Por ejemplo se ha puesto de manifiesto que la activación de los sistemas de estrés en cerebro y el aumento del factor liberador de corticotropina son particularmente relevantes para el desarrollo de la ansiedad por el consumo (craving) durante la fase de abstinencia a la droga.

Sin embargo, un adicto a una droga de abuso necesita cada vez dosis más altas para conseguir el mismo efecto. Es el efecto de la tolerancia a la droga.

La administración de una primera dosis de la sustancia activa induce cambios en las cantidades de electrolitos, receptores de neurotransmisores y otras muchas proteínas de membrana, alterando la actividad de diferentes vías de señalización y factores de transcripción que controlan la expresión de genes que codifican proteínas importantes en los procesos de adicción como ciertos miembros de la familia Fos. Cuando el consumo de una droga se hace continuado la activación persistente de factores de transcripción como CREB y NFkB conlleva la sobreexpresión de ciertos genes, incluyendo los que modifican la remodelación de las dendritas y del a cromatina. Además el sistema es muy complejo y se da una disminución de los niveles de los receptores de dopamina, principalmente de tipo D2, que hace que los efectos placenteros de la droga disminuyan paulatinamente con la cronicidad de su uso, creándose la necesidad de tomar una cantidad mayor de droga para obtener el mismo efecto.



 Este efecto de tolerancia tan típico de las drogadicciones es muy común entre los bebedores (A mi no me afecta apenas unas copas porque bebo todos los fines de semana) y fumadores (antes fumaba menos pero ahora ya voy por paquete y medio diario).

Uno de los mayores problemas de los adictos aparece precisamente tras dejar el consumo. Se dice y con razón que un fumador que lo ha dejado será para siempre un exfumador (o exadicto). La razón parece ser la neuroplasticidad. El mismo proceso por el que somos tan ágiles en algo tras llevar varios años haciéndolo hace que en nuestro cerebro se forman uniones dendríticas y conexiones. En el caso de las adicciones estas nuevas uniones se forman en el núcleo accumbens y la corteza prefrontal y se mantienen durante muchos años, haciendo que las personas que ya fueron adictas corran un riesgo enorme de volver a serlo en el futuro a poco que se expongan a la sustancia en cuestión.

La epigenética también tiene algo que decir en las adicciones. Los cambios epigenéticos se han descrito para alcohol, anfetaminas y cocaína pero los mejor estudiados son para esta última.


El consumo de cocaína reduce los niveles de mutilación de las histonas en el cúcleo accumbens debido a represión de la expresión de la histona metiltransferasa G9a. Se ha podido observar que estos cambios son esenciales para el desarrollo de la neuroplasticidad. La motivación, el mecanismo de refuerzo y los propios mecanismos de compensación también parecen implicar a las modificaciones epigenéticas de histonas H3 en núcleo accumbens.




Esta entrada participa en la XIX edición del Carnaval de Química  organizado por @scariosHR en el blog de LEET ME Explain



Os recomiendo las siguientes lecturas:
  • http://jralonso.es/2012/06/13/no-ligan-y-se-dan-a-la-bebida/
  • Hyman SE, Malenka RC, Nestler EJ: « Neural mechanisms of addiction: the role of reward-related learning and memory». Annu Rev Neurosci 2006; 29: 565-98. 
  • Koop GF, Volkow ND . «Neurocircuitry of addiction». Neuropharmacology 2010; 35: 217-38.
  • Russo SC, Dietz DM, Dumitriu D, Lalenka RC, Nestler E. «The addictive synapse: mechanisms of synaptic and structural plasticity in nucleus accumbens». Trends Neurosci 2010; 33: 267-327. 
  • Renthal W, Nestler EJ. «Histone acetylation in drug addiction» . Semin Cell Dev Biol 2009; 20: 387-94. 
  • Robinson AJ, Nestler EJ. «Transcriptional and epigenetic mechanisms of addiction». Nature Rev Neurosci 2011; 12: 623-37.



Para esta entrada he leído textos de la Dra. Consuelo Guerri (Investigadora del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia)