11 septiembre, 2012

Diagnóstico con animales o “Las preguntas importantes, házselas al bicho” II


Desde la antigüedad la curiosidad humana ha tenido pocos límites y esos límites casi siempre los ha marcaba el miedo. Aprendimos pronto a controlar la naturaleza y utilizarla a nuestro antojo para curar nuestros males, poder sobrevivir en un terreno inhóspito e incluso diagnosticar nuestras propias enfermedades.

Para hoy os traigo una forma de diagnosticar cuanto menos peliaguda (Sobretodo para el paciente y presunto enfermo). Además, os muestro algunas fotos de mi viaje a Chile de hace unos años.

El Xenodiagnóstico


Muchos os habréis ido a lo fácil y pensaréis que un Xenodiagnóstico es diagnosticar sobre los senos, pero nada más lejos de la realidad.



 Vayamos al grano (y si, sigo sin hablar de tetas aunque sean pequeñas).

La enfermedad de Chagas o Trypanosomiasis Americana es una enfermedad parasitaria de tipo tropical. Fue nombrada y descrita como tal por el médico e infectólogo brasileño Carlos Chagas hace ahora 103 años, sin embargo, se conoce desde la antigüedad.


Se cree que en un principio la transmisión del parásito Tripanosoma Cruzi, ocurría entre mamíferos silvestres y vectores, no pasando al humano sino hasta hace 2500-3000 años aproximadamente, cuando los habitantes del nuevo continente ocuparon las cuevas naturales con fines religiosos. Así mismo, la domesticación de algunos animales pudo ayudar a que los vectores triatominos se adaptasen a picar a las personas.


Triatoma dinidiata, una de las especies vectores de la enfermedad de Chagas.

Cuando un vector (chinche) pica a un animal, se alimenta de su sangre y esta debe de gustarles mucho ya que del mismo placer de alimentarse… se cagan vivos. No es una forma literaria de explicarlo, es tal cual. Cuando una chinche pica y se alimenta, desaloja su intestino y defeca en la piel del animal que esté picando. Es en esas heces donde está la forma tripomastigote o infectante.

Cuando el animal se rasca por la picadura, arrastra las heces hasta la herida y provoca que ingresen los protozoos en la sangre. De esta forma el parásito está en el torrente sanguíneo.

Tras pasar por varios estadios, mudas y fases, el parásito está en todo el torrente sanguíneo y se comienza a acumular en músculos (sobretodo en el músculo cardiaco) en nidos de formas resistentes llamadas amastigotes.


Cuando otra chinche pica a una persona con el parásito, la chinche ingresa el parásito en sí y se divide dentro varias miles de veces, hasta que salgan con las heces de nuevo en otra picadura y así se cierra el ciclo de infección.



Los síntomas son variados y, salvo alergias específicas al parásito en si, no se suele detectar fácilmente. En humanos, la enfermedad tiene 3 fases no bien diferenciadas.

En la fase aguda, es justo después de que se produzca la infección y puede aparecer un nódulo local cutáneo llamado chagoma en el lugar de la inoculación.  A este chagoma, si se presenta en la zona periorbital, se le llama Signo de Romaña y es bastante característico, pero no siempre presente.



 Signo de Romaña en niño de 8 meses de edad

Pasada esta primera fase, se llega a una fase indeterminada que suele cursar sin sintomatología aparente. Puede haber signos de fiebre, anorexia, hepatoesplenomegalia, etc, pero a veces no se presentan y otras se confunde con un simple proceso gripal.

Pasados varios años, se dice que el paciente está en fase crónica. Es sintomática y los daños pueden aparecer tras años o décadas después de la infección inicial. Puede cursar con cardiopatías varias, demencia, dilatación del tracto digestivo, etc.

En muchos casos, los pacientes mueren CON chagas, pero no mueren DE chagas. Si se mantienen a raya los síntomas cardiacos, los pacientes pueden llegar a tener una calidad de vida aceptable.

AHORA BIEN, ¿Cómo se diagnostica? Salvo en los primeros días en los que hay una alta concentración del parásito en sangre, después casi desaparece y solo es detectable con técnicas serológicas. Sin embargo, debido a la gran variación de los determinantes antigénicos del parásito, las pruebas serológicas no siempre son totalmente fiables. Se pueden hacer cultivos de sangre para intentar incrementar la cantidad de parásitos caso de que los haya y poder verlos directamente, pero no es fácil hacer un cultivo axénico de este tipo.

Una solución es realizar el Xenodiagnóstico. Se trata de una prueba en la que se hace un “cultivo” de parásitos, pero en insectos.


Al presunto paciente, se aplican dos cajitas con las chinches vivas y sanas (no queremos que se infecte claro). Estos bichos, además de estar sanos y vivos, están muertos de hambre, con lo que cuando se le pone en la piel a una persona, se lanzan a comer cual Obelix al jabalí.



Cajas con chinches (Binchugas o Besuconas) que se les aplica a los pacientes para el Xenodiagnóstico.

Cuando pasa aproximadamente una hora y media, se considera que ya le han pegado suficiente bocados al paciente y se le retiran las cajas del xenodiagnóstico, se etiquetan con un número de serie y los datos del paciente y se guardan para su análisis en el laboratorio.

Como he dicho antes, estos parásitos se dividen varios miles de veces en el vector, con lo que si nuestro paciente tenía aunque solo fuese un Protozoo en sangre… al pasar por el vector se ha convertido en millones y es fácilmente detectable con tinción o en fresco en las haces del insecto. Si además se hace una extracción de DNA de esas heces y se realiza una reacción de PCR específica para el parásito, las probabilidades de un falso negativo o positivo son mínimas (1).



Dentro de esa caja de madera tapada con una malla, hay entre 5 y 8 chinches que se le están aplicando a este niño para ver si tiene o no la enfermedad de chagas.

Este grupo ya tiene dos cajas de Xenodiagnóstico, una en cada brazo, y está esperando a que pase el tiempo correspondiente a su examen (No duele, pero tampoco es agradable claro).


Durante mi estancia en Chile, tuve la suerte de trabajar con uno de los mejores grupos de diagnóstico de esta enfermedad y uno de los que más pacientes lleva. Aproximadamente cada 2 meses hacen viajes a la cuarta región de Chile para llevar a cabo el seguimiento de varios cientos o miles de pacientes, entre ellos niños y madres embarazadas.



En la foto, aparezco con unos niños que se fueron a hacer el examen para ver si tenían la enfermedad. Lo malo de esto es que cuando conoces sus caras y sus nombres, encontrarte con un positivo no es nada halagüeño.


 En la foto aparezco con la Dra. Inés Zulantay. Jefa del laboratorio de Parasitología Básico clínico de la Facultad de Medicina en la Universidad Central de Chile.




En las fotos, algunos de los profesionales que trabajan a diario enfrentándose al problema médico real que supone la enfermedad de Chagas en Chile. Entre ellos el Dr. Werner Apt, el Dr. cardiólogo Antonio, nuestro conductor Sandro, un Paramédico, Rodrigo, una representante de Bayer y algunas de las pacientes de la zona de los Vilos.



 Por suerte para estas gentes, aquella zona cuenta con vistas y zonas como esta de la ciudad de los Vilos. Por desgracia el agua está muy fría (créanme, demasiado fría).
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   (1)    Zulantay I; Sandoval L; Martínez G; Martínez R; Ó. Huertas; Ramos D; Fernández A; Godoy L; González S y Apt W. The efficacy of double amplification in the diagnosis of Chagas disease: natural by the biological vector (XD) and artificial by the Polymerase Chain Reaction (PCR). Simposio Internacional del Centenario de la Enfermedad de Chagas. Rio de Janeiro. Julio de 2009. Brasil. (Poster premiado).