31 agosto, 2012

Locas Terapias y el Sandalillas


Para quitar las verrugas, corta un diente de ajo por la mitad. Restriega medio ajo en la verruga y el otro medio lo guardas en un pañuelo. Cuando se haya secado el medio ajo guardado, la verruga se caerá.

Si tienes herpes, vierte un puñado de hojas de melocotonero a 2 tazas de agua hirviendo. Luego tápalas para dejar que se remojen durante un rato. Aplica las hojas húmedas y calientes a modo de cataplasma sobre las herpes inflamadas y dejarlas puestas un rato.

Estos y otros cientos de remedios los hemos escuchado muchas veces, pero lo peor que te puede pasar si los utilizas es que te huela el cuerpo a ensalada. Sin embargo, existen otros muchos remedios que se han aplicado a lo largo de la historia con mayor o menor acierto. Se trata de algunas de las terapias más extremas y rocambolescas aplicadas para curar o prevenir enfermedades. Después de todo “Cuando una medicina no hace daño, deberíamos alegrarnos y no exigir además que nos sirva para algo” (Pierre Auguste Caron de Beaumarchais).

¡El agua bien fresquita por favor!

Quizá una de las terapias extremas más conocidas sean los baños con agua helada que los médicos recomendaban a Charles Darwin (12 de febrero de 1809 – 19 de abril de 1882) para paliar su larga y tediosa enfermedad consistente en fatiga extrema, palpitaciones, dolor de pecho y problemas estomacales. Hoy en día, el gastroenterólogo estadounidense Sidney Cohen especula con que Darwin contrajo la enfermedad de Chagas durante su viaje a bordo del HMS Beagle. Además, podría haber sufrido úlcera péptica por una infección con Helicobacter pylori, una bacteria que vive en el estómago y la principal causante de cáncer de estómago por entonces y hoy en día (Por casualidades de la vida he trabajado tanto con Trypanosoma cruzi como con H. pylori y ciertamente encaja bastante bien con las descripciones que de su enfermedad se han escrito).

Pues no le sentaban mal del todo las aguas frías… estaba el tío cachas. Y con los diez hijos que tuvo, el agua no estaría tan fría.

Sin embargo, no puede considerarse que la terapia del agua fría sea una terapia extrema del todo, de modo que sigamos.

Resucitar a los muertos

Hay enfermedades chungas, pero ninguna peor que la muerte. Muchos han sido los que han tratado de traer del más allá a los muertos. Estas son algunas de las consecuencias de hacer eso.





Mientras disecaba una rana, el profesor de Anatomía de la Universidad de Bolonia Luigi Galvani, tocó con su visturí un gancho de cobre y gracias a la descarga eléctrica la pata de la rana se movió estrepitósamente como si estuviese viva. Supongo que cuando se recuperó del tremendo susto y se limpió el “occhiello”, se puso a pensar en las implicaciones de dicha experiencia.


Tras realizar diversos experimentos con distintas parte de animales vivos, comenzó a incluir en sus conferencias pequeños experimentos prácticos que demostraban a los estudiantes la naturaleza y propiedades de la electricicad. Uno de los espectáculos más macabro que realizó ante el público consistió en electrocutar una cabeza cercenada de perro con una batería. “Las mandíbulas del can se abrieron, los ojos se le movieron y, si la razón no hubiera detenido a la imaginación, uno casi hubiera creído que el animal estaba sufriendo y vivía de nuevo” (Aldini, sobrino de Galvani).



Hay quien dice que la mayor aportación de este movimiento conocido como Galvanismo fue inspirar a la joven escritora Mary Shelley para escribir su célebre Frankenstein en 1818. Sin embargo, colegas de Galvani como Alejandro Volta, afirmaron que aunque los resultados eran correctos, la explicación de la chispa de la vida que dio Galvani no era del todo convincente. Las críticas de Volta hicieron ver a Galvani que aún quedaba mucho por hacer a la hora de saber la implicación de la electricidad en la vida. La teoría obvia era que la naturaleza del impulso nervioso era eléctrica, pero quedaba demostrarla.

Pianogatopianogatopiano, ¡¡¡PIANOOOOOOOO HE DICHOOOOOO!!!

Seguro que habréis escuchado muchas veces eso de que la música amansa a las bestias, pero en el siglo XVII el humanista y jesuita alemán  Atanasio Kircher reinterpretó este dicho de una manera curiosa. En 1620 Kircher describió por primera vez el conocido como piano de gatos. Un instrumento que con el objeto de subir el ánimo a un príncipe italiano agobiado por las preocupaciones, un músico de la corte creó para él. Parece ser que el susodicho piano tendría propiedades relajantes.

El piano consistía en una adaptación del mecanismo de cuerda percutida que, en lugar de golpear cuerdas afinadas, punzaba o estiraba el rabo de un gato, convenientemente encerrado en una pequeña jaula y dispuestos según la tonalidad de sus maullidos de dolor horrible, pero afinado. Se colocaban no menos de 8 gatos (para hacer una octaba completa) y se han descubierto grabados de hasta 16 gatos. 



Otro que resucita muertos

Robert Cornicsh, entorno a 1930 estaba seguro de haber encontrado la forma de revivir a los muertos. El proceso consistía en incorporar y tumbar el cuerpo del finado varias veces para hacer circular la sangre, mientras un ayudante lo atiborraba a adrenalina y anticoagulantes. Tras el éxito obtenido con perros estrangulados decidió probarlo con humanos, en concreto con el reo condenado a muerte Thomas McMonigle. Sin embargo, el estado de California le obligó a suspender el experimento ante la posibilidad de que funcionara y el preso escapase (Hoy en día solo por tener cáncer los dejan libres aunque hayan matado sin arrepentimiento y pertenezcan a la banda terrorista ETA http://politica.elpais.com/tag/jesus_maria_uribetxeberria/a/)

Los yogursitorios

El extravagante y curioso médico estadounidense John Harvey Kellogg es hoy muy conocido por haber introducido el cereal tostado en nuestros desayunos. Sin embargo, esta fue solo una de las muchas aportaciones y anécdotas que acompañaron la vida de este hombre. Jamás consumó su matrimonio pero crió más de 40 niños con su mujer, estaba a favor de la circuncisión durante de los lactantes para evitar que se masturbasen al llegar a la adolescencia (JA´ QUE CRÉDULO), defendía el uso del fenol puro sobre el clítoris para erradicar el deseo femenino.

Muchas de estas ideas eran aplicadas en su sanatorio de Battle Creek, en Michigan. Los pobres desgraciados que tenían la mala suerte de acabar aquí se sometían diariamente a intensos y continuos ejercicios físicos. Pero eso lo aguanta cualquiera y a más de uno nos vendría bien. Lo peor era la política de salud de la retaguardia que mantenía el Dr. Kellogg. Casi todos los días los pacientes eran conectados a una máquina que les inyectaba 50 litros de agua por el agujero donde ningún topo quiere aparecer. Les hacía tomar medio litro de yogurt y otro tanto se le insertaba por el recto para que “los microbios protectores fuesen directos al sitio donde son más necesarios y pueden prestar un mejor servicio” (según palabras del propio Dr. Kellogg).


Espero que ese café llevara azúcar, porque sino...

Bueno, por hoy ya está bien de remedios caseros, que se me está poniendo mal cuerpo. En otra ocasión os seguiré contando curiosas terapias pero antes os cuento a que viene lo de las sandalillas del título.

Hoy hace 2000 años del nacimiento de Cayo Julio César Augusto Germánico, También conocido como Cayo César o Calígula. Se le puso el sobrenombre de Calígula como diminutivo de Caligas, las sandalias atadas hechas de correas de cuero que llevaban los soldados de las legiones romanas. Cayo César acompañó desde muy pequeño a su padre en las batallas y durante ellas vestía en sus pies las típicas cáligas, pero apretadas y atadas de tal forma que le daban un aspecto muy simpático, de ahí el nombre de Calígula.



A excepción de Plinio el Viejo, que elogia al césar, las demás fuentes que han sobrevivido describen a Calígula como un loco y demente que de pequeño sufría epilepsia, lo que le llevó a no querer aprender a nadar por miedo a que le diera un ataque en el agua y muriese.


Si bien sus médicos no se ponían de acuerdo en su mal, cada uno de ellos le aplicó un remedio a cada cual más loco y disparatado. Filón de Alejandría, Flavio Josefo y Séneca el Joven le dieron friegas, sangrías, ungüentos, pociones y brebajes que tomó durante toda su vida. Tan solo vivió 29 años. Quién sabe si con un piano de Gatos, se habría calmado su locura.